Salomé (Juan de Flandes, 1465-1519). Museo Mayer van den Bergh. Amberes, Bélgica.

Ahora que se acerca la Semana Renacentista de Medina del Campo y que en esta Real Villa se tiene a bien cambiar de vestimenta y volver a engalanarse con ricas telas, vivos colores y un sinfín de prendas de nombres olvidados, vamos a descubrir algunas de las ropas que podían albergar los baúles de las buenas gentes de Medina hace ya cinco siglos. 

¿QUÉ ME PONGO HOY?

Hace 500 años, al igual que en la actualidad, ésta sería una de las preguntas más frecuentes en la corte de los Reyes Católicos y también con difícil respuesta debido a la cantidad y variedad de indumentarias de las que disponían en aquella época: camisa, calzas, sayo, corpiño, faldeta, verdugado, brial, tabardo, albornoz, escarcela, manto, toca, trenzado, chapines, turbante, aljuba…

Gran parte de los datos que disponemos para hablar del vestir y la moda en la época de los Reyes Católicos nos vienen dados por los cronistas y por extranjeros que viajaban por la Europa de aquella época donde, en las clases más altas, el vestir se estaba convirtiendo en una importante arma política que comenzaban a utilizar como una de las herramientas de comunicación más directas e influyentes de la época. Se dieron cuenta de que gracias a una vestimenta adecuada podían dejar bien claro su poderío, su cortesía y una buena imagen que influía directamente en su reputación.

Y es que en la Castilla de los siglos XIV y XV algo empezó a cambiar, las gentes pudientes empezaron a variar y refrescar su vestuario, dejándose influenciar por modas extranjeras como las provenientes de Borgoña, Italia y la moda musulmana tan presente en la Península. De tal manera que la “mode espagnole” que señalan algunos cronistas tenía como base una mezcla de todas estas influencias con algún toque personal como el uso más que habitual de dorados, de colores como el rojo o de telas ricas en bordados, además de terciopelos y sedas.

Esto lo deja muy bien reflejado Roger Machado en el diario que realizó durante su viaje en 1489 con la embajada inglesa a la corte de los Reyes Católicos para tratar diferentes aspectos del compromiso matrimonial entre el Príncipe de Gales y la Infanta Catalina.

La Virgen de los Reyes Católicos (detalle del vestido la reina Isabel). Juan de Flandes (1460-1519).

una fascinante visión la de la reina y su hija y de veintiséis damas y doncellas todas hijas de grandes nobles…, la mayoría de ellas engalanadas de tela dorada, terciopelo y seda, muy bonitas. La reina estaba toda vestida de tela de oro, llevaba un tocado de hilo dorado y un distinguido collar adornado de grandes perlas y crecidos finos diamantes en el centro

Pero realmente ¿cómo se podían vestir?

Empezando por la ropa interior deberían elegir su camisa, normalmente de influencia árabe y que podía estar bordada con pasamanería superpuesta, adornada con cintas de colores o labrada, por ejemplo. Pero la cosa no acababa ahí, podían elegir que las mangas fueran abullonadas, abiertas transversalmente, con bocas amplias que colgaban o mucho más largas que el propio brazo. Las mujeres solían ajustarse sobre la camisa un corpiño, normalmente sin mangas, y cubrían sus piernas con una faldeta interior, que ésta a su vez iría cubierta por otras faldas o corpiños. Las calzas cubrían las piernas hasta la cintura. Eran finas y ajustadas, podían estar decoradas con bordados u otros diseños de telas superpuestas, pudiéndose combinar diferentes colores en cada pierna.

Sobre esto se colocaban las sayuelas y los sayos. Además, ya en aquella época se empezaban a ver los verdugados (saya acampanada inventada por Juana de Portugal, esposa de Enrique IV, para disimular su embarazo y que luego se hizo muy popular en el resto de Europa).

Sobre estos sayos y túnicas semi-interiores se colocaban vestidos, que solían ser largos, bien cerrados y con vuelo o bien abiertos en una o varias partes (delante o en los lados).

En cambio, los hombres colocaban el tabardo sobre sus camisas y calzas. Una túnica larga o corta abierta en el frente o en los costados, generalmente sin mangas y muchas veces con un cinto que la ceñía en la cintura.

Además si el frío acompañaba, tanto hombres como mujeres solían cubrirse con un manto. Una capa larga y anudada por encima de los hombros y cuyos remates podían estar decorados con bordados, pasamanería o pieles.

El calzado, principalmente zapatos y botas, hecho en cuero o telas de colores a juego con el resto de la indumentaria.

Retrato de Isabel I de Castilla. Juan de Flandes (1460-1519).

Por último, no podemos dejar de mencionar los tocados, muy de moda en aquella época, cada vez más excéntricos en Flandes, pero más bien discretos en Castilla como las tocas para las mujeres, que era un sencillo lienzo blanco y fino con el que se cubrían el cabello recogido.

Por David García

BIBLIOGRAFÍA:

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