Las relaciones entre el reino de Castilla y Portugal nunca fueron del todo amigables, el siglo XV estuvo jalonado de continúas luchas, desencuentros y enfrentamientos entre las dos coronas. Las disputas entre los dos reinos se saldaron con toda una suerte de tratados y acuerdos de paz, la villa de las ferias fue testigo de uno de ellos, hoy nos detendremos en el Tratado de Medina del Campo de 1431.
Nos situamos en el reinado de Juan I de Castilla, el soberano al igual que gran parte del estamento nobiliario europeo de la época entendía los enlaces matrimoniales en clave política. Los matrimonios se entendían como un arma más para conseguir el poder y en ese contexto Juan I jugo sus cartas. Su primer matrimonio fue con Leonor de Aragón, hija de Pedro IV de Aragón representaba una llave al reino vecino, el soberano no lo pudo ver en vida pero gracias a este matrimonio uno de sus hijos: el infante Don Fernando de Antquera acabó siendo coronado rey de Aragón. La muerte sin descendencia del rey aragonés Martín I, hermano de Leonor, hizo posible que el infante castellano acabará gobernando el reino aragonés.
Juan I de Portugal, autor anónimo. Su reinado se inicia con la victoria de Aljubarrota y finaliza poco tiempo después de la paz de 1431
No obstante nuestra historia hoy hace que nos detengamos en la segunda esposa de Juan I, la infanta portuguesa Doña Beatriz. El monarca castellano tras quedar viudo de Leonor se fija en el reino portugués, el soberano luso Fernando I sólo tenía una hija y aparecía como una opción para hacerse con el reino portugués. De tal manera Juan I de Castilla y la princesa portuguesa Beatriz se casan en la catedral de Badajoz en mayo de 1383, no pasaron ni cinco meses para que la gran oportunidad se le presentase al rey Juan. Su suegro, el rey Fernando I moría en Lisboa. Todo parecía dispuesto, la única heredera era Beatriz y su esposo ve clara la ocasión: se proclama rey de Portugal. La cuestión en el reino portugués no se veía tan clara y al llegar las noticias de la autoproclamación de Juan como soberano portugués en la ciudad de Toledo muchas ciudades portuguesas se revelan. Numerosos tumultos se hacen ver en Elvas o en Santarem, no quieren un rey castellano en su trono. Los levantiscos portugueses tienen a su propio candidato: Juan (Juan I de Portugal), hijo del rey Pedro I de Portugal pero fruto de amoríos con su amante Inés de Castro por lo que había sido apartado de los derechos sucesorios pero vista la situación a la que se enfrentaba el reino fue aclamado y encumbrado al trono. Como se puede adivinar el rey castellano no se quedó de brazos cruzados, organizó un enorme ejército con el que pasó la frontera portuguesa dispuesto a aplastar a sus enemigos y hacer valer los derechos de su esposa Beatriz. La contienda se salda con la victoria portuguesa en la batalla de Aljubarrota, el rey castellano vuelve derrotado a Castilla y a partir de aquí las disputas y desavenencias entre los dos reinos serán una constante. Aljubarrota supuso para el reino vecino la afirmación de su independencia celebrada por el monarca portugués con la construcción de edificios como la Colegiata de Nuestra Señora de Oliveira en la ciudad de Guimaraes y para Castilla el reconocimiento de un fracaso político, el de aglutinar en el trono castellano las dos coronas.
Los años pasan y el rey castellano muere pero las rencillas no se disipan. Las discordias azuzadas por la única protagonista superviviente del bando castellano, Beatriz acompañada y protegiendo a un gran número de portugueses exiliados en Castilla por haberla apoyado en sus pretensiones al trono portugués torpedean cualquier acuerdo entre los dos reinos.
Batalla de Aljubarrota, según aparece en la obra inglesa del siglo XV “Colección de Crónicas e Historias antiguas de Gran Bretaña”, de Jean de Wavrin.
En la localidad de Toro doña Beatriz muere en 1420 y es el punto de partida para establecer un tratado de paz definitivo que ponga punto final a años de luchas constantes que empezaron en Aljubarrota pero que se extendieron durante años y años. Diplomáticos de ambos reinos negocian durante meses y el acuerdo definitivo cristaliza en Medina del Campo en 1431. Por el lado castellano firma el acuerdo Juan II de Castilla y por el lado portugués los diplomáticos que llegan a la villa de las ferias firman el tratado en nombre de Juan I de Portugal. El anciano soberano portugués que había iniciado su reinado con la contienda en Aljubarrota cerraba el mismo con el ansiado acuerdo de paz.
Las vidas de los dos reinos vecinos continuaban, dos reinos que a lo largo de los años verán nuevas luchas pero también nuevos acuerdos, dos reinos vecinos condenados a entenderse, con lazos que entretejen historias muy difíciles de separar. Las influencias fueron mutuas durante siglos y la historia de uno y otros siempre estuvo vinculada, sirva como ejemplo la circunstancia de que la gran reina castellana Isabel La Católica atesoraba como lengua materna el idioma portugués. Será el bisnieto de la reina católica quien de nuevo ponga sobre la mesa la unión de los reinos: la Unión Ibérica de Felipe II fue el siguiente episodio de estas relaciones pero sin duda esa ya es otra historia.
Sepulcro de Doña Betriz de Portugal en el monasterio de Sancti Spiritus en la localidad zamorana de Toro. Durante años la figura de Betriz fue un obstáculo para sellar la paz con Portugal, su fallecimiento en Toro supuso la reapertura de negociaciones que culminaron con el acuerdo de paz de Medina del Campo
BIBLIOGRAFÍA
LORENZO SANZ, Eufemio. Historia de Medina del Campo y su tierra. Volumen II, Auge de las ferias y decadencia. Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, 1986.
VALDEÓN BARUQUE, Julio. Los Trastásmaras, el triunfo de una dinastía bastarda. Temas de hoy, 2001
VALDEÓN BARUQUE, Julio. La dinastía de los Trastámara. Fundación Iberdrola, 2006
Por Felipe López Pérez.
Historiador del Arte y gestor cultural.


