En enero de 1486, la Corte de los Reyes Católicos atravesaba uno de los momentos más complejos de su actividad política. La monarquía no contaba con una capital fija, sino que ejercía el gobierno de forma itinerante, desplazándose entre distintas ciudades del reino en función de las necesidades militares, diplomáticas, administrativas y estratégicas.
En este contexto de movilidad cortesana tuvo lugar el encuentro entre Cristóbal Colón y los Reyes Católicos. El 20 de enero de 1486, fecha que este enero conmemoramos 540 años después, ha quedado tradicionalmente vinculada en la memoria historiográfica y local como uno de los momentos en los que Cristóbal Colón fue recibido por los Reyes Católicos dentro de este marco de itinerancia cortesana. Aquel encuentro -discreto en su desarrollo y aparentemente secundario en su tiempo- acabaría convirtiéndose en el punto de partida de un proceso que transformaría profundamente la historia del mundo.
Una entrevista discreta pero decisiva.
Vista de Alcalá de Henares (1565). Dibujo panorámico realizado por Anton van den Wyngaerde por encargo de Felipe II, representando la ciudad en el siglo XVI con estructuras y murallas heredadas de su época medieval. La acuarela original se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria.
La localización exacta de los primeros encuentros entre Cristóbal Colón y los Reyes Católicos ha sido objeto de debate historiográfico. Las fuentes no describen un único encuentro formal, sino un proceso prolongado en el tiempo, condicionado por el carácter itinerante de la Corte durante los años finales de la guerra de Granada. Este proceso debe entenderse como parte de un mismo proceso de deliberación, en el que la propuesta colombina fue escuchada, evaluada y debatida en distintos momentos y espacios.
La historiografía coincide en que no existió una decisión inmediata, sino un periodo de reflexión que culminaría años más tarde con la firma de las Capitulaciones de Santa Fe. En este contexto, Alcalá de Henares adquiere un papel relevante como sede política y administrativa desde la que se articuló parte de esa reflexión previa.
Lamentablemente, la documentación conservada no permite reconstruir con exactitud cómo se desarrolló aquella entrevista. Los cronistas del reinado y autores tempranos, como Hernando del Pulgar, Bartolomé de las Casas o Andrés Bernáldez, no se detuvieron en este episodio concreto, centrados como estaban en los grandes acontecimientos políticos y militares del momento, especialmente en el desarrollo de la guerra de Granada. Este silencio no implica, sin embargo, que el encuentro no tuviera lugar, sino que en aquel instante aún no se percibía la trascendencia histórica de lo que comenzaba a gestarse.
Lo que sí que está claramente documentado es la presencia de los Reyes Católicos en Alcalá de Henares en los meses inmediatamente anteriores a enero de 1486. Hernando del Pulgar, cronista oficial del reinado, relata en su Crónica de los muy altos y muy poderosos don Fernando y doña Isabel que, a finales de 1485, los monarcas abandonaron Andalucía para permitir el descanso de una tierra fatigada por la guerra y se trasladaron al reino de Toledo con toda su corte. En este contexto, Pulgar sitúa explícitamente la llegada de los Reyes a la villa de Alcalá de Henares y señala que fue allí donde la reina Isabel dio a luz, el 16 de diciembre de 1485, a la infanta doña Catalina:
“…venidos a Alcalá, la Reyna parió a la infanta Doña Catalina Jueves á quince días de Deciembre deste año de mil é quatrocientos é ochenta é cinco años: é ficieron justas é fiestas grandes. El Cardenal de España cuya era aquella villa de Alcalá, fizo un gran combite al rey é a la reyna é a todos los caballeros é dueñas é doncellas de su corte…”
Este testimonio confirma que la Corte se encontraba establecida en Alcalá en los meses previos a enero de 1486, reforzando la verosimilitud de que en este espacio se desarrollaran audiencias y deliberaciones políticas de relevancia.
Otras fuentes posteriores permiten afirmar que la propuesta de Colón fue escuchada y considerada con atención. Hernando Colón, hijo del almirante, señala en su Historia del Almirante que la iniciativa no fue aceptada de manera inmediata, pues los Reyes, conscientes de la importancia de la empresa, ordenaron que personas doctas y de buen juicio examinasen lo que se proponía antes de adoptar una decisión.
El relato de Hernando Colón debe leerse con la cautela propia de una fuente interesada en defender la memoria y los derechos de su padre, pero también como un testimonio valioso que permite comprender cómo los Reyes Católicos afrontaron aquella empresa con prudencia y sentido de responsabilidad. Lejos de una aceptación inmediata o de un rechazo frontal, la propuesta colombina fue objeto de un proceso de deliberación prolongado, acorde con la magnitud histórica de la decisión que estaba en juego.
Esta actitud prudente coincide con la visión ofrecida por Bartolomé de las Casas, quien subraya que la decisión no fue fruto del impulso, sino de una deliberación consciente sobre las consecuencias del descubrimiento. Para la monarquía, no se trataba únicamente de ampliar territorios o rutas comerciales, sino de asumir la responsabilidad sobre los pueblos que pudieran encontrarse en las nuevas tierras. La reflexión moral formó parte del proceso desde sus inicios y no fue una preocupación sobrevenida.
Las dudas de los Reyes Católicos ante la propuesta colombina.
La demora en la toma de una decisión no respondió a desinterés, sino a un contexto complejo que obligaba a la prudencia. En los años en que Cristóbal Colón presentó su proyecto, la Corona se encontraba profundamente comprometida con la guerra de Granada, un conflicto largo y costoso que absorbía gran parte de los recursos económicos y humanos del reino. A ello se sumaba la necesidad de evaluar con cautela una propuesta que implicaba riesgos técnicos, financieros y políticos considerables.
Los Reyes Católicos, conscientes de la trascendencia de cualquier decisión de esta magnitud, optaron por someter el proyecto al examen de personas expertas y valorar detenidamente sus implicaciones. No se trató, por tanto, de una negativa ni de indiferencia, sino de una actitud de prudencia y responsabilidad, propia de una monarquía que debía equilibrar ambición, estabilidad y buen gobierno.
Las Capitulaciones de Santa Fe.
Capitulaciones de Santa Fe (1492). Documento original conservado en el Archivo General de Indias. Acuerdo entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón que regula los términos del viaje y los privilegios concedidos.
Las Capitulaciones de Santa Fe, firmadas el 17 de abril de 1492, constituyeron el acuerdo jurídico que puso fin a ese largo proceso de reflexión. Este documento no fue un simple permiso para navegar, sino un contrato solemne, redactado conforme a las prácticas jurídicas de la Corona de Castilla, en el que se establecían los derechos, títulos y beneficios que recibiría Colón en caso de que su empresa tuviera éxito.
Entre ellos se encontraban el nombramiento como Almirante del Mar Océano, Virrey y Gobernador de las tierras que se descubrieran, así como el derecho a percibir una parte de los beneficios obtenidos.
Las Capitulaciones reflejan la cautela con la que actuaron los Reyes Católicos, evaluando cuidadosamente los riesgos antes de comprometer recursos y autoridad.
Se trató de un documento de enorme trascendencia política y jurídica, que sentó las bases de la expansión ultramarina castellana y definió el marco legal de la empresa.
Medina del Campo y el codicilo de Isabel la Católica: conciencia, gobierno y responsabilidad.
La firma de las Capitulaciones de Santa Fe no supuso, sin embargo, el final de las inquietudes de Isabel la Católica respecto a las consecuencias humanas del proyecto colombino. A medida que los viajes se sucedían y comenzaban a llegar noticias sobre las nuevas tierras y sus habitantes, la reina fue tomando conciencia de la complejidad moral que entrañaba la expansión ultramarina.
Lejos de desentenderse tras la aprobación del acuerdo, Isabel mostró una preocupación creciente por la situación de las poblaciones indígenas, por su condición jurídica y por el trato que estaban recibiendo. Esta inquietud, que se fue gestando a lo largo de los años posteriores al primer viaje, culminaría en una reflexión profunda sobre las responsabilidades de la Corona, expresada de manera clara y explícita en su testamento y codicilo.
Fue precisamente en Medina del Campo, en el Palacio Real Testamentario, donde la reina otorgó su codicilo el 23 de noviembre de 1504, pocos días antes de su fallecimiento. En este documento, de enorme valor histórico y simbólico, Isabel dejó constancia expresa de su preocupación por el trato que debían recibir los pueblos indígenas de las tierras descubiertas, confirmando una línea de pensamiento que ya se había ido gestando.
En el codicilo, la reina ordenaba que:
«no consientan ni den lugar que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados…»
Estas palabras constituyen la expresión más clara de una preocupación sostenida en el tiempo, nacida de la reflexión política, jurídica y moral que se había ido desarrollando desde los primeros años del descubrimiento. En ellas se percibe la voluntad de reconocer a los indígenas como vasallos libres de la Corona, merecedores de protección y justicia, y no como simples sujetos de dominación.
Llegada de Cristóbal Colón a América. Óleo de John Vanderlyn (1847). Representación simbólica del acontecimiento.
El hecho de que este mandato se formalizara en Medina del Campo otorga a la villa un significado especialmente profundo dentro de este proceso histórico. No solo fue un centro neurálgico de la vida política y económica del reino, sino también el lugar donde quedó fijada por escrito una de las declaraciones más significativas del pensamiento moral de Isabel la Católica resultado de años de reflexión iniciados tras el primer contacto con el Nuevo Mundo, del análisis de las consecuencias humanas de la expansión y de los debates mantenidos en el entorno de la Corte sobre la legitimidad, los derechos y las obligaciones de la Corona. En este sentido, el codicilo no puede entenderse como un gesto tardío, sino como la culminación de un proceso de maduración política y moral.
Así, Medina del Campo y su Palacio Real Testamentario se convierten en un espacio clave para comprender cómo la monarquía castellana abordó los desafíos éticos derivados de la expansión ultramarina. Desde aquí se proyectó una visión que, con todas sus limitaciones históricas, aspiraba a fundamentar la acción política en principios de justicia y responsabilidad.
Integrado en el recorrido iniciado décadas antes —desde aquel encuentro entre Cristóbal Colón y los Reyes Católicos, hasta la consolidación de un nuevo mundo de relaciones—, el codicilo de Isabel la Católica constituye uno de los testimonios más elocuentes del pensamiento político de su tiempo y del papel que Medina del Campo desempeñó en la construcción de la historia.
Desde el Palacio Real Testamentario, este aniversario invita a mirar la historia con rigor, respeto y conciencia crítica, reconociendo la complejidad de un legado que aún hoy continúa interpelándonos.
En posteriores entregas se abordará con mayor profundidad las deliberaciones mantenidas por los expertos y consejeros de la Corona, las dudas técnicas y teóricas que suscitó la propuesta y los argumentos enfrentados antes de que se tomara una decisión definitiva.
Por Eva María Quevedo
Directora de proyectos y gestora cultural.
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES
Fuentes primarias y cronistas
Pulgar, Hernando del. Crónica de los muy altos y muy poderosos don Fernando y doña Isabel.
Ed. Juan de Mata Carriazo. Madrid, Espasa-Calpe, 1943.
Bernáldez, Andrés. Memorias del reinado de los Reyes Católicos.
Ed. Manuel Gómez-Moreno y Juan de Mata Carriazo. Madrid, CSIC, 1962.
Colón, Hernando. Historia del Almirante don Cristóbal Colón.
Ed. Luis Arranz Márquez. Madrid, Historia 16, 1984.
Las Casas, Bartolomé de. Historia de las Indias.
Ed. Agustín Millares Carlo. México, Fondo de Cultura Económica, 1951.
Oviedo y Valdés, Gonzalo Fernández de. Historia general y natural de las Indias.
Madrid, Atlas, Biblioteca de Autores Españoles.
Herrera y Tordesillas, Antonio de. Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar Océano.
Madrid, Imprenta Real, 1601-1615.
Documentación jurídica
Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492).
Archivo General de Indias.
Testamento y codicilo de Isabel la Católica (1504).
Archivo General de Simancas.
Recopiladores y editores
Fernández de Navarrete, Martín (ed.). Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles.
Madrid, Imprenta Nacional, 1825-1837.
Estudios modernos
Varela, Consuelo. Cristóbal Colón. Textos y documentos completos. Madrid, Alianza, 1982.
Fernández-Armesto, Felipe. Colón. Madrid, Alianza, 1991.
Fernández Álvarez, Manuel. Isabel la Católica. Madrid, Espasa, 2003.
Pérez, Joseph. Isabel y Fernando: los Reyes Católicos. Madrid, Nerea, 2001.
Archivos y repositorios
Archivo General de Indias (AGI).
Archivo General de Simancas (AGS).
Biblioteca Nacional de España (BNE).
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.


